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dimarts, 21 de juny del 2011

Write or die (or both)

Escribir no lleva a la miseria, nace de la miseria.

                                             Michel de Montaigne



Miseria. Las connotaciones negativas que despierta en nosotros este vocablo son inevitables. No obstante, considerarla a su misma vez el motor, la semilla, el génesis de la creación en muchos autores resulta una perspectiva mucho menos anodina. 

Esto explica porque muchos escritores célebres, aún habiendo cosechado éxito y reconocimiento, siguieron llevando una vida llena de conflicto, excesos, adicciones inestabilidad y una retahíla de sustantivos que son fácilmente asociables a una existencia caracterizada por la miseria. Estas dinámicas les habían llevado a ser alguien, y por lo tanto se debían a ellas. Quizá no supieran vivir de otra forma, o quizá no les diera la gana. Quizá simplemente se vieran inmersos en un círculo al que me gusta considerar virtuoso, vistos sus frutos.

Mishima se hizo el haraquiri. Burroughs mató a su mujer intentando imitar a Guillermo Tell. Kennedy Toole se suicidó en su garaje, sin haber conseguido publicar. Bukowski le dio guerra a su hígado, aunque este aguantó bastante más que los de Scott Fitzgerald, Kerouac o Truman Capote. Stephen King (del que ya se ha hablado anteriormente en este blog) no recuerda haber trabajado en muchas de sus obras publicadas en los 80 debido a lo colocado que iba.  Hablar de Philip K. Dick nos llevaría semanas.

¿Trágico? Puede, pero a su vez productivo. Si a mí me ofrecieran ser la mitad de prolífico cualquiera de estos autores (salvo Kennedy Toole, obviamente) por el doble de adicciones me faltaría tiempo para firmar. De hecho creo que ya lo he postergado demasiado.  


Wilhelm Von Wonka

diumenge, 19 de juny del 2011

Are you talking to me?

Estamos aquí para desaprender las enseñanzas de la iglesia, el estado y nuestro sistema educativo. Estamos aquí para tomar cerveza. Estamos aquí para matar la guerra. Estamos aquí para reírnos del destino y vivir tan bien nuestra vida que la muerte tiemble al recibirnos. "Charles Bukowski"

Será porque es época de exámenes pero el carpe diem ataca de nuevo. Me paso el día como un borrego intentando estudiar porque se supone que es lo que debo hacer, porque supongo que es lo que debo querer hacer y porque supongo que es lo que quiero hacer.

A mi mente vienen frases como: Hubiera sido un cazador excelente en el neolítico. Ojalá me echaran de la universidad porque no tengo huevos para dejarlo e irme a hacer de camarero. Si fuera soldado no sé si me acobardaría o me volvería loco disparando e insultando a vietnamitas.

La cosa está en que cuando llegan los exámenes estoy más gilipollas de lo normal. En verano me paso el día tirado sin hacer nada, pero llega el tiempo de currar y de repente quiero escribir un libro. Es lo que comúnmente se llama: Procrastinar como un cerdo.

Y creo que ya estoy divagando demasiado, voy a estudiar.

Antes el entretenimiento servía para descansar del estudio, ahora estudiar significa distraer la mente de todo el entretenimiento, de todas las películas, libros, series y amigos conectados online que nos rodean.


Marc Ferrer

divendres, 10 de juny del 2011

El fujitsu

"Procura que tus palabras sean mejores que el silencio"
 Rafael Lechowski

Esta frase me llamó la atención mientras escuchaba una canción del grupo zaragozano Flowklorikos. No es nada nuevo, resulta ser un proverbio indio muy antiguo que ha llegado a nuestros días.

Creo que aplicando este simple principio se podría mejorar cualitativamente cualquier tipo de acción publicitaria. Es sencillo y a la vez profundo porque el mero hecho de establecer un vínculo comunicativo interesante proporciona al emisor la atención que tanto desea. Y en este caso la atención es igual a dinero. Nosotros somos los redactores de estas palabras, nosotros necesitamos decir algo mejor que el silencio.

Aunque, después de todo, hay gente que no soporta el silencio, como en aquella famosa escena de Pulp Fiction. Al igual que Uma Thurman, yo me pregunto algo parecido: ¿hay palabras mejores que el silencio o cualquier palabra es mejor que el silencio?

En publicidad la respuesta es no, entre nosotros es más complicado.

ADRIÀ ANDRÉS

dilluns, 16 de maig del 2011

Ares se limpia el culo con frases como esta

La mejor victoria es vencer sin combatir. 
Sun Tzu. El arte de la guerra


El arte de la guerra es un libro chino escrito por Sun Tzu hace unos 2500 años, casi nada.
Es un manual de estrategia militar que se ha mantenido vivo tanto tiempo por dos razones:


1. Desgraciadamente las guerras y la humanidad van cogidas de la mano. Siempre ha sido así y de momento todo indica que así seguirá.
2. Es un libro que se puede aplicar a cualquier tipo de conflicto, por eso aún se lee hoy en día. Es un manual de marketing avanzado, un libro de autoayuda y la Biblia del estratega. Es estas tres cosas juntas y también es más que eso.


Citas como esta son las que hacen que esta obra nunca pueda quedar obsoleta. Para empezar, no es belicista, es el libro que duerme en la mesita de noche de Atenea y el papel con el que Ares se limpia el culo. 
Usa ejemplos militares para enseñar unos valores que sirven para resolver conflictos (que, como ya nos hemos ido percatando, en la vida hay muchos y de todo tipo).
La prudencia, la precaución, la calma, el amor por la gente que te rodea, tener capacidad de liderazgo y la confianza en uno mismo (que no es lo mismo que ser confiado) son algunos de los valores o actitudes que el autor recomienda utilizar para evitar los problemas o por lo menos para solucionarlos de la mejor manera posible.
La mayoría de conflictos armados que Piqueras nos muestra cada día podrían haberse terminado antes de que nadie disparara un solo tiro si todo el mundo leyese más libros de estrategia militar com este que, aunque parezca paradójico, justamente hablan sobre como hacer que una guerra no estalle.


Marc Ferrer

dimarts, 10 de maig del 2011

Si os dan papel pautado...

Si os dan papel pautado, escribid por el otro lado.

                                              Juan Ramón Jiménez



Con este epígrafe se inicia Fahrenheit 451, de Ray Bradbury. El Nobel español nos sugiere, aparentemente, que cuando nos encontremos ante un camino trazado previamente por otros optemos por buscar uno de propio, que desconfiemos de aquello que ya se nos da hecho y con los límites claramente definidos, con el fin de evitar ser coartados. La cita sintetiza el mensaje de la obra de una forma clarividente, y por ello la elección del señor Bradbury resulta excelsa.  

En la inmensa mayoría de las ficciones ambientadas en hipotéticas distopías futuras parece ser que los habitantes de las mismas han optado por hacer justamente lo contrario de lo que nos aconseja Juan Ramón Jiménez: han aceptado como propios valores que no contemplan revisión alguna y han desarrollado una actitud abiertamente hostil hacia aquellos individuos que no los profesan, se han tornado extremadamente conformistas (encontrándose bajo el yugo de una sociedad de pan y circo llevada a extremos dantescos),  han seguido la pauta.

Quizá el hecho más inquietante sea que no parecen ser conscientes de ello, ni siquiera atisbarlo. ¿Alegórico?       


Wilhelm Von Wonka